Paz Interior

ALMENDRADO ESTÁ EL AMOR

ALMENDRADO ESTÁ EL AMOR

Tenía un vuelo alocado, se sentía más ágil que de costumbre. Se imaginaba volando como los pájaros grandes y fríos, esos que no tienen plumas, y que su mamá le explicó que llevaban a muchos humanos dentro. Era como una gran casa voladora, “algún día le pondré alas a mi nido, para ver lo que hay más allá de estos campos”. Y se sentó debajo de su almendro favorito, exhausto, después de un duro día de expedición, buscando a esa pajarita dicharachera que le quitó el corazón y lo guardó bajo su plumaje de colores vivos, sellado con cremallera para no perderlo. Deseaba volver a escuchar el canto brillante, dulce y jugoso de aquella pajarilla, cuyo nombre debía sonar a universo, utopía, ilusión… a noches de pasión, a júbilo, a risas y a locura.

En esos pensamientos estaba, sintiendo la brisa que el almendro le brindaba, abrazado por sus ramas, acariciado por sus hojas, impregnado por su aroma y arropado por sus flores, con las que jugueteaba nuestro amigo en las tardes más frías para entrar en calor, cuando sintió un aliento familiar a su espalda, y escuchó su corazón. Allí estaba ella. Se dio la vuelta con la suavidad con la que mamá le lavaba las plumitas cuando era pequeño, y la vio. Esos ojos vivos, color río, hierba y fuego a la vez. Ambos quedaron inmóviles, petrificados en aquel escenario impregnado de sensaciones disponibles para quien quiere sentir, escuchando los latidos de sus corazones mezclado con el cantar del viento. Una rama del almendro, divertida, empujó al pajarillo y éste cayó a poco más de unos centímetros de ella, la cual le dedicó una amplia sonrisa.

Empezó a abrir su cremallera camuflada entre el plumaje de su pecho, colores que la vestían de princesa, como la de los cuentos que le contaba su papá a nuestro amigo para dormir cuando aún quería jugar un poco más. Princesa con corona, ojos brillantes y la elegancia propia de una dama danzarina, cantante luminosa que te arrastra más allá de las lejanas nubes, ese lugar por donde van los pájaros-casa de humanos.

De su pecho sacó dos corazones. Identificó a uno como el suyo, pero su deseo era regalárselo, y así, los dos seres voladores juntos lo regarían con cataratas de amor. Siempre pensó que su corazón era tan grande que sería precioso compartirlo.

Ella entrelazó ambos corazones, y éstos se fusionaron… la sensación no era explicable con palabras, pero fue tal el remolino que se creó que incluso el almendro comenzó a brillar y a reír a carcajadas. Mezclaron los colores de sus plumas en un interminable abrazo, y pasó la tarde y la noche y la mañana, y la expansión de felicidad se propagó de tal manera que alcanzó a los pájaro-casa de humanos.

 

 

Relato sacado del libro RESURGIENDO de María Castaño, aquí os dejo el enlace:

 

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Un abrazo Enorme,

 

María Castaño

 

www.mariacast.com

 

 

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